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jueves, 14 de febrero de 2013

Niños pistoleros


El New York Times del 7 de febrero en su artículo “Niños pistoleros”, explica cómo  existe un interés cultural en el uso de las armas, defendido por la Asociación Nacional del Rifle y la Fundación Nacional del Deporte de Tiro, con sede central en Newtown, (sólo a unos kilómetros de la Escuela Primaria  donde Adam Lanza, usó el Bushmaster AR-15 de su madre para matar a veinte niños y a seis adultos en diciembre) y que éstas  financian sus proyectos con dinero procedente del sector armamentístico.
Dichos proyectos están diseñados  para animar al uso de armas en un rango poblacional cada vez más joven.

Un estudio encargado el año pasado por el sector de los deportes de tiro indicaba que “se debe animar a los niños de edades comprendidas entre los 8 y 17 años a convertirse en embajadores entre sus semejantes para iniciar lentamente a otros jóvenes en el uso de lar armas”.

Armas de fuego
La preocupación que pueda haber por las matanzas llevadas a cabo por menores y jóvenes, parece  que no impide que se sigan creando  programas de animación infantil  al uso de  armas financiados por las empresas armamentísticas.

Quizás dichas empresas estén aprovechando  la dificultad que supone para una nación tener juicio critico sobre los aspectos que fundamentan su identidad, en el caso de los EEUU,  parte de identidad está asociada a la libertad del uso de las armas.
Porque la cultura en la que crecemos  construye nuestra identidad,  hace muy difícil una visión que analice con objetividad las costumbres o tradiciones intrínsecas a ella. Así   las empresas pueden tomar esos rasgos  culturales y alinearlos con sus propios intereses para convencer  al consumidor, al que le será difícil  desenmascarar los argumentos  así asociados y acepte,  poco a poco casi todo lo que las empresas quieran venderles. Está claro que para éstas es muy beneficioso que los niños tengan interés por las armas y que sus padres, si las campañas publicitarias son hábiles, lo defiendan como un valor importante a trasmitir a sus hijos. 

El debate sobre la conveniencia o no de que los niños disparen con armas, queda interrumpido. Si se defiende con argumentos  lo inadecuado de que los niños y armas vayan juntos, automáticamente parecerían atacados  los valores asociados a las armas  a través de la cultura  tales como: libertad, autenticidad, americano, verdadero, honesto,...

El debate debería poderse abrir en torno a lo que pueda ser favorable para el desarrollo del niño y aquello que no lo sea. Se tendría que poder hablar de cómo es la relación del niño, dependiendo de su edad, con  la muerte, la violencia, el poder,  qué significado tienen para él,  cómo debe ser su relación con ellos y de qué manera  deben acercarse para no vulnerar  su desarrollo psíquico.
Lo cierto es que cada vez somos menos permisivos con los cuentos de  hadas; los adultos queremos cambiar sus finales, ya no nos parece bien que el lobo sea malo, sin darnos cuenta que es en el mundo de la fantasía donde los niños deben lidiar con la muerte, el dolor, la enfermedad, el abandono  y todas aquellas cosas que les asustan.  Sin embargo cada vez les enfrentamos a edades mas tempranas a la “cruda realidad”.

Es muy probable que nos equivoquemos, pero de cualquier modo el niño siempre se adaptará a lo que el adulto haga con él y  probablemente lo valorará como bueno.

Quizás nosotros con la perspectiva que nos da una cultura distinta podamos  ver con mas claridad  lo que los americanos hasta el momento son incapaces. Quedan a merced de mercados oportunistas que apelan a la identidad cultural para defender cosas que el conocimiento  sobre educación, psicología e infancia, harían imposible. Quizás con esta experiencia nosotros podamos tomar perspectiva para descubrir nuestros equivalentes. 


Reservados todos los derechos. Prohibida su  reproducción total o parcial sin autorización de la autora 

jueves, 20 de diciembre de 2012

Enfados reprimidos o la alegría de limpiar el cajón de tu mesilla


El otro día hablando con nuestra amiga Marga, sobre la última matanza de Newtown en Estados Unidos, nos contaba que además del control de armas habría que pensar en los enfados. Nos ha enviado este texto con sus reflexiones para que lo publiquemos en nuestro blog.

La sociedad queda asombrada, asustada ante la última matanza en  Estados Unidos.
¿Podemos hacer algo cada ciudadano de a pie?
Uno de los aspectos revolucionarios a cambiar en la educación es lidiar con los enfados reprimidos. Desde los primeros días de la escuela nos enfrentamos al dolor y al enfado y ¿qué hacer con ello?
Vi en el señor Obama una mirada de padre y no de presidente. Tenía miedo y no se atrevía a mirar a la cámara. Sabe que está, por su puesto, en el centro de la diana de enfados reprimidos. Creo que todos lo estamos.
¿Por qué hay tantos avances en tecnología y no estamos educados para encauzar enfados?
Pienso que esto es mas sencillo que las matemáticas de primaria, pero no nos damos cuenta porque no estamos educados para ello.
Vale ya de “grandiosidades artificiales”.
El niño no se identifica con un hogar perfecto porque es irreal en cualquier lugar del mundo.
¿Qué papel jugamos los padres?
¿Proyectar que no pudimos ser nadadores, músicos, jugadores de baloncesto, etc..?

"Circo en invierno" Margarita Gamez
Queremos lo mejor para nuestro hijos, es indudable, pero tenemos que pararnos a pensar.
El ejercicio sería el siguiente:
En calma, hay que  educar para el enfado.
Los pasos a seguir serían:
Emborronar  papeles en blanco y a continuación limpiar, por ejemplo el cajón de tu  mesilla.  Esto es verdadero.

La misión del arte no es ver exposiciones “mil raras” que no entendemos. La misión del arte no es ser espectadores de la vida,  tenemos que ser “hacedores”, emocionarnos, entusiasmarnos.
La pintura puede ser el “gran camino”, el camino de encontrarnos con emociones válidas, emociones limpias, emociones verdaderas, auténticas.
La pintura está muy cerca de encauzar enfados, pero este no es su fin.
El arte es grande y transforma el dolor.

                                                Margarita Gámez
                                                www.gamezpintora.com


Margarita pone el acento en la dificultad de los adultos para enfrentar los conflictos y pensamos que no estamos enseñando a nuestros hijos a lidiar con los enfados, a que puedan ir conteniendose.  Se lo queremos poner todo tan fácil e ideal, que les desarmamos mentalmente para luchar contra el dolor y el ser humano necesita del dolor para construirse, para crecer. La agresividad es un recurso necesario para la vida pero requiere de un proceso de transformación, sin este proceso es solamente energía destructiva.

Reservados todos los derechos. Prohibida su  reproducción total o parcial sin autorización de la autora