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viernes, 14 de junio de 2013

Messi, Urdangarin, Bárcenas,José Blanco,.....suma y sigue

La idea de que Messi esté defraudando a Hacienda, a mi por lo menos, me deja en shock ¿Messi? pero si es como un niño genuinamente bueno, incapaz de romper un plato...y el fraude supuestamente asciende a ¡varios millones de euros! esto me deja la moral por los suelos, no porque yo sea culé, sino porque si Messi lo hace...

Ultimamente cuando lees el periódico se te cae el alma a los piés, todo el mundo acusa o es acusado de robar, malversar, prevaricar, los políticos, la familia real, los sindicalistas, los deportistas.  Parece que el barco se está hundiendo y las ratas corren para ver quien se salva.  Es como si el "código de los ladrones" se hubiera roto, ese que dice: yo no cuento lo tuyo y tu no cuentas lo mío... y ¡claro! roto el pacto no paran de salir trapos sucios por todas partes y esto genera un clima de indignación generalizado y de desmoralización.

Me pregunto por qué lo harán, porque a Messi dinero no le iba a faltar.  Me imagino que una vez dentro de este sistema fraudulento que hemos creado si declaras todo lo que ganas y pagas religiosamente eres un pringado.

En nuestro post anterior escribíamos sobre adolescentes y a lo mejor estos dos artículos están relacionados. Precisamente porque vivimos en una sociedad eternamente adolescente, lo que se hace es burlar a la autoridad como un proceso de diferenciación del adulto, como estrategia para definir su identidad.  El otro día una chica de 15 años decía a su madre "mamá dime de todos estos trajes cuales te gustan, no vaya a elegir los mismos que tú", claro, porque si los eligiera, sería como mamá y los adolescentes lo que quieren es no tener nada que ver con los adultos.

Cuando el adolescente alcanza cierta seguridad ya no hace las cosas para saltarse las normas, empieza  a reivindicar sus propios criterios amparados por la ley de lo que es justo. Si una etapa de nuestra evolución psíquica se caracteriza por la búsqueda de justicia es precisamente  la adolescencia.  El adolescente maduro se empieza a diferenciar de su grupo y a ejercer autoridad sobre sus actos. El grupo ya no es su guía, no hace lo que haga el resto.

Los adultos que no llegaron a sentirse distintos de la manada, con su propio criterio y responsables en conciencia de sus actos, son aquellos que luego se dejan llevar por modas y tendencias de opinión, los que se adhieren con facilidad a lo que diga el más fuerte, son la masa irresponsable que hace atrocidades desde el anonimato.

Quizás sea por esto que la corrupción está al orden del día y cuando se les pregunta a los corruptos, ninguno parece tener conciencia de haber hecho nada malo, todos en su “grupo” hacen ese tipo de “gamberradas”

viernes, 7 de junio de 2013

Multas a los padres que no impidan las borracheras graves a sus hijos


Este es el titular de una noticia publicada en "El País" el 5 de junio de 2013.  La polémica está servida: ¿quien es el responsable de que los menores beban? Para  algunos padres la responsabilidad está en los comerciantes que no deben vender alcohol  a menores, para otros son las fuerzas de seguridad que permiten los botellones en las vías públicas.   Estas pueden ser medidas necesarias pero no suficientes para limitar el consumo en menores, por esto nos gustaría pensar en el papel que juegan los padres y cuales son sus dificultades y responsabilidades.
Cuando los padres señalan a otros para que se hagan cargo de controlar a sus hijos es quizás porque se sienten muy desbordados e incapaces de saber cómo hacerlo.  Culturalmente los adultos nos estamos quedando más infantilizados y con esto queremos decir que hay una dificultad en nuestra sociedad para funcionar como personas maduras y responsables.  Actualmente da la sensación de que una persona adulta cuanto más jovial física y mentalmente parezca, más se le valorará, es como si no estuviese bien visto ser adulto y responsable, con todo lo que ello conlleva, queremos ser eternamente jóvenes e ¿irresponsables?   
Todo está pensado para que el mundo lo dirijan los jóvenes (no necesariamente de edad, sino de mentalidad), estamos creciendo en un entorno donde lo que se potencia es, por ejemplo en los medios de comunicación y publicidad, esloganes como: !no te pares! !el mundo no tiene límites! !salta las barreras! Los avances médicos han facilitado mucho la fantasía de eterna juventud, a nuestro abuelos ni se le pasaba por la cabeza la idea de que si les fallaba el hígado a lo mejor se lo podían clonar o  ¿por que no los ojos?  Todo esto genera la sensación de que podemos ser eternamente jóvenes.

La idea de padre con la que muchos hemos crecido, padres a los que respetábamos, con autoridad suficiente para marcar los límites y con las ideas muy claras sobre lo que se podía o no se podía hacer, parece que se ha diluido.

Creemos que de lo que habría que hablar es de la impotencia y la inseguridad que sienten muchos padres a la hora de limitar ciertas conductas en sus hijos. Parece que la adolescencia se está alargando eternamente y esto muchas veces  nos hace sentir sin la autoridad suficiente para educar. 
Es muy difícil queriendo ser adolescentes poner límites a otro adolescente, en todo caso querremos ser su amigo y así,  encontramos el camino "fácil" que es el de permitir muchas conductas en nuestros hijos desde que son pequeños, con tal de ahorrarnos el trago de las rabietas y los enfados.  

El otro día una madre me preguntaba que podía hacer con su hija de 8 años, que a la hora de vestirse siempre entraba en conflicto porque quería hacerlo a su manera, la madre me contaba que ella daba varias opciones y la dejaba elegir ciertas cosas pero todo dentro de un límite, pero esto no era suficiente e invariablemente el tema acababa en enfado y pelea. Lo que más le extrañaba a esta madre era que su hija en todo lo demás era una niña en general obediente y fácil.  Le hablé de que a lo mejor su hija necesitaba enfadarse con ella, probar donde estaban los límites y hasta donde le iba a permitir llegar y que además este era un buen ensayo para cuando llegara la adolescencia, porque ya habría aprendido a  que hay ciertas cosas por las que su madre no iba a pasar.

Los adolescentes necesitan romper límites y normas pero también que haya alguien que los mantenga a raya.  Ayer en el programa de Onda Cero de Carlos Herrera se debatió el tema que hoy nos ocupa, los oyentes llamaban y daban su opinión, muchos buscaban responsables y se intentaban liberar de la culpa pero otros lo tenían muy claro: los límites y las normas son importantes y eso es algo que se tiene que aprender en casa, no se puede delegar en el gobierno, el colegio... Javier (minuto 37,24) un agricultor padre de una hija de 13 años decía que él lo tenía claro, había que educar en casa, poner límites y sobre todo tener criterios propios, no dejarse llevar por lo que otros hacían.



La adolescencia es una etapa que asusta a muchos padres, pero a lo mejor asusta tanto porque temen que rivalicen con el adolescente que todavía siguen siendo, si el adulto no tiene claros los límites, si busca la eterna juventud, si no tiene claro lo que se debe y lo que no se debe hacer ¿como va a educar? a lo mejor por eso muchas veces exigimos que lo haga alguien por nosotros.



Prohibida la reproducción total o parcial del artículo sin el consentimiento de las autoras.

jueves, 25 de abril de 2013

Vodafone toma la línea roja de Metro




Esta semana se ha anunciado la noticia del acuerdo comercial entre la compañía Vodafone y Metro de Madrid, por el que la Línea 2 del Metro pasará a llamarse línea 2-Vodafone y la estación de Sol pasará a llamarse Vodafone-Sol, a cambio de 1 millón de euros anuales durante 3 años. 

Esta noticia en frío y con la información que nos han dado, podría ser  una buena noticia, ¿pero realmente lo es?

En los medios van apareciendo datos del acuerdo:  ...El cambio en la denominación de la línea 2 incluye la integración de los logos de Vodafone en varios de los elementos de las estaciones: en los accesos, en los directorios de los vestíbulos y pasillos de todas las estaciones, en los directorios de los andenes, en los teleindicadores, en los trenes de la línea, así como en los vestíbulos, andenes, pasillos y trenes del resto de estaciones de la red donde se mencione la correspondencia con la línea. Asimismo, el nuevo nombre de la línea se indicará en el plano oficial de la red de Metro, así como en la web y en la aplicación móvil desarrollada por el suburbano. En el caso de Sol, el nuevo nombre de la estación estará visible en accesos, vestíbulos, pasillos y en toda aquella señalética de la red en la que aparezca.
De este modo, la transformación de las instalaciones será visible para los más de 65.000 viajeros diarios en la estación de Sol, así como los más de 122.000 viajeros que cada día transitan por toda la línea 2, los más de 30.000 usuarios diarios con los que cuenta la web de Metro y los destinatarios de los millones de planos que se reparten en la red.
En este acuerdo, se incluye, por otro lado, la posibilidad de que Vodafone realice actividades comerciales en las instalaciones de la línea 2, pero su presidente, Francisco Román, no ha adelantado qué tipo de acciones se van a llevar a cabo por razones de competencia comercial, ha explicado... RADIO MADRID / EUROPA PRESS   23-04-2013

¿Donde están los límites? ¿Hasta donde se puede dar?  

Entendemos que nuestros dirigentes, al igual que unos buenos padres cuando toman una decisión, lo hacen pensando en las consecuencias; si eso va a ser bueno para nosotros, para nuestro desarrollo, si nos va a dotar de oportunidades para el futuro, etc.  Para poderse mantener fieles a estos principios habrá veces que tengan que decir no, porque no todo vale.

Imagen de la película "Diarios de motocicleta"


En situaciones de crisis, conflicto y tensión es más difícil mantener la cabeza en su sitio, sin perder de vista los objetivos básicos para cuidar.  Sometidos a la presión del aquí y el ahora, muchas veces a los padres les cuesta mucho pensar con claridad y es aquí donde se pueden abrir paso ideas que en otros momentos de mayor serenidad jamás habrían sido contempladas.   Por ejemplo, pensando en adolescentes se nos ocurre el típico caso del adolescente que no para de suspender, los padres desesperados no saben como reconducir la situación y llegan a ofrecer por un aprobado, algo que en condiciones normales jamás se les hubiera pasado por la cabeza darle, porque en el fondo saben que no es adecuado ni bueno para su hijo.  El aprobado si lo es, la recompensa no.

Es en estos momentos donde a lo mejor no se hace una reflexión profunda para saber a que se está diciendo si, que es lo que  se está aceptando y que coste va a tener.  Si este funcionamiento se va perpetuando, con el tiempo no se podrá diferenciar que es lo correcto de lo incorrecto y quizás, como ahora, el único indicador que tengamos para valorar si está bien o no sea la cantidad de dinero que nos dan.



Reservados todos los derechos. Prohibida su reproducción total o parcial sin autorización de las autoras. 

jueves, 17 de enero de 2013

La diosa que llevo dentro

En el libro “Cincuenta sombras de Grey” Anastasia Steel habla de “la diosa que llevo dentro”. Lo hace siempre en relación a situaciones de mucha excitación, no solo sexual, que la hacen sentirse especial.

Para aquellos que no sepan de qué va el libro diré que se trata de la relación entre un joven y guapo multimillonario y una recién licenciada universitaria. Ella siente ambivalencia hacia Grey, pues él ejerce de todo el poder y capacidad de control del que dispone como multimillonario para hacer de la relación con Anastasia algo “único”.

Para ella esto es despreciable...., pero también excitante y en esta situación aparece “la diosa que lleva dentro” bailando y disfrutando eufóricamente de algo que repugna y asusta.

Gustav Klimt
Que contradictorio puede resultar comprobar que ser una diosa te esclaviza.

En algún lugar de nuestra mente albergamos la esperanza de volver a ser “únicos”, como dioses para alguien. A veces este deseo no es tan pequeñito y dejamos que la diosa que llevamos dentro dirija nuestra vida.

No es algo tan infrecuente, todos podemos conocer a alguien que en cuanto le hacen sentirse especial, le adulan,.. pierde toda objetividad. Para no quedar esclavizados  por nuestra diosa, debemos haberla podido abrir la puerta para que se vaya. ¿Y cómo se hace esto?

Es un proceso: en la infancia debemos sentirnos dioses para mamá y papá. Esto significa que sentimos que ellos nos tienen un amor incondicional. Desafortunadamente esta palabra está mal interpretada. Incondicional  en  un sentido sano, significa que nuestros adultos de referencia (nuestros padres, tutores...) limitan nuestros actos, ponen comprensión a nuestros enfados, se mantienen firmes con  nuestros caprichos... Porque, en definitiva, diferencian entre lo que se puede y lo que no, lo que se debe y lo que no y tienen la maestría de mantenerse firmes en sus convicciones sin dejar de querernos. ¡Por eso somos dioses! Nos dedican su tiempo, su amor, su comprensión y aplican restricciones y limites que hacen que el niño crezca con sentido común y confianza.

En el sentido insano, amor incondicional es cuando se da todo, se permite todo o casi todo.. hasta que el adulto se harta y estalla. El niño se siente un dios. Cuenta con mucho poder, capacidad de manipular y control sobre los adultos. Pero no se siente querido de verdad. Nadie le ha ayudado a comprender que amar no es dejarte ser un omnipotente, que se trata de ayudarte a pisar tierra firme, a que aceptes los limites que impone la realidad y que aprendas a manejarte con sabiduría en ellos. Si no nos enseñan esto, de adultos seguimos desesperadamente dando gusto a” la diosa que llevo dentro”

 


  Reservados todos los derechos. Prohibida su  reproducción total o parcial sin autorización de la autora 

jueves, 13 de diciembre de 2012

El 3%




Todas las semanas nos reunimos tres colegas para profundizar sobre temas que nos interesan: algún libro de  autores psicoanalistas, discusiones sobre temas técnicos y durante los últimos meses nos estamos reuniendo para profundizar sobre unas charlas que organizamos hace un tiempo sobre justicia de menores.

Estamos llegando a conclusiones interesantes. Entre ellas nos llamó la atención como en general en nuestra sociedad queremos, mediante el castigo, atajar conductas delictivas que se podrían haber intentado corregir antes de que llegaran a ser graves.  Y esto nos llevó a pensar en nuestra sociedad, en nuestra cultura, en como la mayoría de nosotros somos muy benevolentes con la trampa, con el engaño.
Hablábamos de que no está mal visto, por ejemplo, si en la cuenta de un restaurante no nos cobran algo callarnos, si nos devuelven mal un cambio (a nuestro favor, por supuesto) decimos ¡que se hubieran fijado!, también de como mucha gente alardea de pasarle a la empresa gastos, por ejemplo de taxi, que no han gastado en desplazamientos para la empresa "¡muchas veces uso mi coche y no me pagan por eso!" Pensábamos que estos pequeños engaños van en escala y por eso tenemos la sociedad que tenemos. Por ejemplo el famoso 3% de las comisiones que se llevan los políticos catalanes para su partido (o para lo que sea).


Podríamos pensar en el 3% como en un fantasía que todos albergamos.
En muchos casos puede provenir de una situación real por la que todos pasamos y que genera ciertos sentimientos hostiles. Esta situación sería la impotencia de la infancia.

En ella sentimos que muchas cosas quedan fuera de nuestro alcance, son “solo para los mayores”. Los que tengan hijos habrán experimentado situaciones en las que sus hijos intentan meterse en la cama de los padres, buscan atención exclusiva de uno o de los dos progenitores… Además de su evidente limitación física en fuerza, tamaño y habilidad, son también conscientes de que muchas situaciones son reservadas sólo para papá y mamá. Si además a esto le añadimos el temor a ser destronado (“destronado” también puede sentirse un hermano pequeño, respecto del mayor, por el mismo motivo antes expuesto),  todo este cóctel va predisponiendo un sentimiento de “injusticia “ que en mayor o menor medida experimentamos en la infancia y que se traduciría así: “los demás tienen cosas que no me quieren dar a mi”, “se aprovechan ”…

Quizás este sea uno de los sustentos psicológicos universales que determinan estos engaños de los que estamos hablando,  como dijimos antes, es un funcionamiento que justifica el apropiarse porque “solo se trata de un 3%”


Es como si tuviéramos un 3% de nuestra mente dispuesto siempre a engañar, a timar y esto está de alguna manera “perdonado” en nuestra sociedad.  Porque es un tema de escalas, que más da que no nos cobren una botella de vino, que pasemos un taxi por valor de 4 euros, que sisemos unos euros de un cambio mal dado, que nos quedemos con un 3% de una comisión….pero claro, a medida que vamos hablando de mayores cantidades ese 3% va aumentando y nos llevamos las manos a la cabeza ¡el 3% de 1.000.000 de euros! Pero en definitiva muchos hacemos lo mismo, porque al final una botella de vino es el 3% del importe de una cena ¿o no?



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lunes, 10 de diciembre de 2012

Madrid-Arena


Arbol de los mensajes
No deberíamos estar hablando de adolescentes en relación al Madrid-Arena, pero la verdad es que allí estaban.  La queja social está en que fallaron los limites externos, es decir los controles de entrada al recinto,  pero debemos ir mas allá y  pensar en qué pasó con  los limites internos.

Vamos a explicar a que nos referimos con límites internos:
Tener limites internos es  tener “cabeza”, pero esto de tener cabeza es un proceso  que se desarrolla en la relación padres-hijo, en la que se dota al niño de herramientas mentales para diferenciar  lo que está bien de lo que está mal, lo que se debe y lo que no, lo que se puede y lo que no. En definitiva diferenciar claramente que es cuidar y que es descuidar.
Desde el nacimiento el niño está aprendiendo todas estas diferencias y somos los padres los encargados de este aprendizaje. Enseñamos que rojo es parar y verde es cruzar, les educamos en la autonomía para que se sepan vestir, les enseñamos a cuidarse, que puedan discriminar dónde están los peligros; no hablar con extraños, les enseñamos a aceptar las normas, ser honesto y respetarlas; no se coge el dinero de mamá, no se miente. El dotar de cabeza a nuestros hijos es un proceso gradual,  desde la infancia hasta la edad adulta pasando por la adolescencia.
Los adolescentes no son adultos, están en el camino para serlo. Todavía necesitan de la ayuda y supervisión de los padres para seguir construyendo los pilares sólidos que serán necesarios para constituirse como un verdadero adulto. Además suelen sobrevalorar sus capacidades y las circunstancias externas, llegando a ser en sus juicios de valor muy temerarios.
Los padres a veces confunden informarse, con espiar, por ejemplo meterse en su cuenta de Tuenti, en su e-mail,etc. Informarse es por ejemplo saber dónde van nuestros hijos, a que tipo de sitios van, desde que edad, que se va a hacer allí.
Esta información está publicada, todos podemos ver el cartel anunciador de la fiesta donde aparecía un hombre sobre una chica en bragas a la azotaba en el trasero. No estaba permitido el acceso a menores de 18 años.
Nuestros hijos menores de edad salen por la noche e incluso hacen comentarios como: “el otro día casi me quedo sin el carnet de Pepe -¿y eso? – pues porque para entrar en una discoteca lo utilice y el de la puerta decía que no era yo y lo pelee tanto que se lo creyeron”
Esta situación que hemos presenciado se dio entre un hijo y familiares. Nadie tuvo nada que objetar al adolescente de 16 años por utilizar el carnet de su hermano mayor de edad para entrar en un sitio cuya entrada estaba limitada a los 18 años. Esta es una transgresión de la Ley. Pero la Ley no es solo un cartel que diga prohibida la entrada, esta es la última barrera, tiene que haber otras antes, que quizás sean las que construyen esa “Cabeza”. Los padres tienen la obligación de crear en sus hijos una buena interiorización de los límites y no deben olvidar que aunque el adolescente se está acercando a la edad adulta, todavía no lo es.



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