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jueves, 16 de mayo de 2013

Ariel Castro: el monstruo de Cleveland




Esta semana nos hemos enterado de la terrible noticia; la aparición de tres chicas que han estado secuestradas durante más de10 años en una casa de Cleveland (EEUU), no es la primera vez que una noticia como esta nos deja a todos en estado de estupor y tampoco será, desgraciadamente, la última.

¿Que le puede haber pasado a Ariel Castro para hacer esto?

Según las últimas informaciones se ha encontrado una carta escrita por él hace unos años donde revelaba que había sido víctima de abusos en su familia y violado de niño por su tío.  ¿Es esto suficiente para que de adulto te conviertas en maltratador, violador, secuestrador....en definitiva en un monstruo?  Creemos que no.  Hace falta que ocurran más cosas, pero sin lugar a dudas el maltrato hace que algo se rompa en la mente de un niño.

Las circunstancias que rodean el maltrato son las que atenúan o disparan el daño, marcan la diferencia sobre el daño psíquico hecho al niño, porque  daño siempre va a haber.

Pensamos que puede haber tres posibilidades de reparación del daño, por parte del adulto que no está maltratando activamente al niño.

La primera es la negación: el adulto parece no enterarse de nada y con esta actitud lo que  hace es agravar las consecuencias del maltrato, porque no solo no está reparando  sino que además desampara.

Por ejemplo en el caso Fritzl, cuando en 2008 se descubrió como en Austria un padre había tenido secuestrada a su propia hija durante 24 años en el zulo de la casa familiar,  la madre negó saber lo que estaba ocurriendo, cuando  esta hija "desaparecida"  vivía en el piso de abajo, encadenada, drogada y separada del resto de su familia por una puerta blindada.  En este caso la persona más cercana que podría haber rescatado y reconocido el daño era la madre. La relación  entre un niño y un adulto es siempre asimétrica, el niño confía en el adulto por tener una relación de dependencia con él y si  este le maltrata y nadie lo denuncia, el niño entrará en un estado confusional estructurante de su psiquismo, invirtiéndose el sentido bueno-malo, porque los que tienen que cuidar maltratan, y si nadie se entera ni le defiende, el niño acabará pensando que recibe lo que se merece.

La segunda posibilidad es el acompañamiento:  la persona que observa el maltrato no tiene la suficiente fortaleza yoica para rescatar al niño maltratado.  Cuando una mujer, por ejemplo, está siendo maltratada y quiere a sus hijos, puede que no les defienda delante del padre por su debilidad yoica es decir, por su impotencia psicológica, pero hay un reconocimiento del maltrato, de que el maltrato está mal y que no se debe hacer.  Esto lo que potencia en el niño es rabia en lugar de confusión, que es un nivel menos dañino al permitir una mínima diferenciación entre bien y mal.

La tercera posibilidad, a nuestro modo de ver es el rescate:  el adulto no maltratador no se resigna y pelea hasta poner a salvo al niño.  No sabemos si es el caso de Amanda Berry, pero podríamos suponer que luchó para salvar sobre todo a su hija,  dicen que en la única posibilidad que encontró de escapar dio la voz de alarma y consiguió escapar, sacando a su hija de la mano con ella.

Quizás sea mucho suponer, pero es posible que la diferencia entre las tres chicas estuviese en su fortaleza y determinación para no aceptar el maltrato. Sabemos que en el caso de una de ellas Michelle Knight, hubo maltrato familiar, casualmente es a la que el secuestrador maltrató más ferozmente, ¿casualidad? Puede que fuese la más confusa y la que inconscientemente se creyese merecedora de ese trato.

Si los niños no quedan a salvo de la locura de los mayores,  si han sido dañados y no se les reconoce este daño, no hay garantías de que la historia no se repita,  bien desde el papel de verdugo o  de víctima.





Reservados todos los derechos de este artículo a las autoras del blog




jueves, 9 de mayo de 2013

El actor británico Mark Lester asegura ser el padre de los hijos de Michael Jackson





Vaya lío!! Los avances tecnológicos pueden ser de gran ayuda pero sin lugar a dudas complican mucho las relaciones humanas.  Parece que lo difícil ahora es determinar quien es el padre y quien la madre.  Podríamos empezar por plantearnos dos preguntas: ¿Eres padre por el hecho de haber donado esperma? ¿Eres madre por el hecho de haber gestado un bebé?

Desde un punto de vista psicoanalítico tendremos que plantearnos que tanto el esperma como el óvulo dotan genéticamente al niño y que esto implica una historia, una raza, un sexo...

Pero pensamos que otra cosa muy diferente es la gestación de un bebé, donde se trasciende de lo puramente biológico y se pasa a establecer un vínculo emocional. Durante los nueve meses de embarazo el bebé crea un vínculo físico y emocional con la madre, independientemente de lo que los adultos hayan acordado.  Para el bebé este vínculo es tan importante que depende de él para su supervivencia, la madre no solo alimenta y da un espacio donde el bebé se desarrolla,  durante la  vida intrauterina  empieza a formarse el aparato mental del ser humano.

El niño en la tripa da respuestas emocionales a los estímulos que proceden de fuera de la madre y del interior de la madre ya sea desde su cuerpo o desde su mente.  El bebé comienza a desarrollar un repertorio de respuestas en relación con esos estímulos, por ejemplo ante un estado de ansiedad de la madre los latidos cardiacos del bebé se aceleran. A la madre le sucede lo mismo: "el bebé se mueve, debe estar inquieto o escucha una voz conocida..." dotamos de un significado emocional a lo que sentimos que hace el bebé.  En definitiva así es como se empieza a construir un aparato mental, aquí es donde comienza la historia de cada individuo.



Partiendo de este razonamiento deberíamos tener en cuenta que a un bebé nacido de un "vientre de alquiler" se le está separando de su madre y como tal habría que reconocerlo. Sabemos que  en el caso de las adopciones  el bebé, aun siendo separado nada más nacer, para desarrollarse de una manera sana, tendrá que elaborar un duelo por la separación y la pérdida de esa madre. 

Quizás por esto se utiliza el  término "vientre de alquiler" en lugar de "madre de alquiler", es como si  no  quisiéramos reconocer que no solo es un vientre, es una madre.  Si en lugar de ver el todo (la madre) vemos una parte (el vientre) estaremos eliminando de un plumazo enfrentarnos a  las consecuencias que implican determinados avances tecnológicos.  Si lo vemos como un vientre de alquiler podríamos pensar que el coste es solo económico, sin embargo si lo vemos como un todo, es decir una madre de alquiler, podremos tomar conciencia de que además tiene un coste emocional para el bebé y los nuevos padres. De este modo estaremos más preparados para atender a las necesidades emocionales que surjan  de este proceso.  

Siguiendo el razonamiento de la importancia del vínculo, podríamos pensar que Mark Lester a lo mejor  no está pidiendo el reconocimiento de su esperma sino el de su vínculo, porque esto era lo que tenía con los hijos de Michael Jackson. 





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jueves, 7 de marzo de 2013

Benedicto XVI y las papisas de Jodorowsky



La semana pasada quedé a cenar con unas amigas y dio la casualidad que era el mismo día que el papa Benedicto XVI renunció al papado y abandonó el Vaticano rumbo a Castel Gandolfo. Además una de mis amigas propuso ir vestidas de “papisas” siguiendo el movimiento de Alejandro Jodorowsky , para reivindicar el papel de la mujer dentro de la jerarquía eclesiástica.
A mi el tema me intrigó bastante, nunca había oído hablar de “las papisas de Jodorowsky”.  Hablamos largo y tendido del tema, de cómo se  había relegado a las mujeres a un segundo plano en la historia y como poco a poco, socialmente, eso se iba superando, pero en la jerarquía eclesiástica (y no hablamos solo de la iglesia católica) el mando seguía estando en manos de los hombres. 
Al día siguiente seguía pensando en el tema, porque había algo que no me cuadraba ¿por qué la mujer para desempeñar puestos de mando (esos que tradicionalmente han estado reservados para los hombres y en algunos casos siguen estándolo) tiene que “disfrazarse” de hombre?

Papisa Juana

De hecho la palabra “papisa” viene de la “Papisa Juana” una historia que cuenta como alrededor del año 800 hubo una mujer que accedió al papado de la Iglesia Católica disfrazada de hombre, cuando se descubrió la mentira fue lapidada. Otra vez aparece la idea de que él único camino para alcanzar los mismos derechos es mediante el disfraz.
Es algo que parece que está incorporado a la cultura, porque creo que estamos confundiendo igualdad con derechos. 
No somos iguales pero tenemos los mismos derechos. Las mujeres tendrán que encontrar su propio lugar para colocarse en igualdad, pero sin  confundirse y disfrazarse de lo masculino.  Somos diferentes y desde la aceptación de esto, a lo mejor encontramos el camino para la verdadera igualdad.
También hablamos en nuestra reunión de un libro de Doris Lessing “La grieta”. El libro trata de una comunidad solo habitada por mujeres, donde los niños son concebidos por la luna o el mar. Por miedo a los “atributos” masculinos abandonan a los varones en una roca donde mueren hasta que un bebé varón es salvado por un águila y criado por animales.  De esta manera las mujeres y los hombres se encuentran y ambos entienden que necesitan el uno del otro.
Quizás habría que empezar por aceptar las diferencias.
Desde el nacimiento el bebé va incorporando poco a poco la función materna, que es imprescindible para su supervivencia: el calor, la ternura, el piel con piel, etc. Pero sin la función paterna no podría crecer y desarrollarse: los límites, la diferencia, la capacidad de separarse, etc.  Es mediante la unión de ambas funciones, la incorporación en su estructura mental de lo paterno y lo materno, como los hombres y las mujeres serán capaces de pensar, crear e imaginar.
Si se hace un proceso de integración de ambos aspectos en la mente, se tolerará el conflicto que provoca lo nuevo, lo distinto, con sus consecuentes frustraciones.  Si esto en la mente no se ha podido hacer, lo más probable es que nos defendamos de aceptar lo diferente en nuestra vida y rechacemos aquello que no comprendemos, que no nos es próximo, como le ocurrió a la Papisa Juana y a los niños varones en el libro de Lessing. Porque en un esquema así la única posibilidad que queda es disfrazarse, ser igual. 
Sin no se hace este proceso de crecimiento y maduración los caminos que encontramos para alcanzar los mismos derechos son siempre iguales, carecen de creatividad.  Construimos sociedades fundadas únicamente en lo masculino o únicamente en lo femenino.
Lo paterno y lo materno, lo masculino y lo femenino es lo que nos enriquece, es de donde parte el verdadero conocimiento.



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